Umberto Eco, apocaliptico e integrado

Umberto Eco, apocalíptico e integrado

Con la noticia del fallecimiento del escritor italiano, Umberto Eco, parece apropiado quizás (re)visitar uno de sus libros que fuera clave en los estudios sobre medios y cultura popular: Apocalípticos e Integrados.


Umberto Eco, apocalíptico e integrado

Es profundamente injusto encasillar las actitudes humanas —con todas sus variedades y todos sus matices— en dos conceptos genéricos y polémicos como son ‘apocalíptico’ e ‘integrado’.”

Así en pleno 1964, Umberto Eco, si bien hacía una crítica a la cultura de masas, terminaba abrazándola como un síntoma de su época. La fetichización de la producción cultural, como un entendido global, si bien universal, del consumo del arte y cultura se convertiría en uno de sus enfoques críticos más agudos. Su trabajo, en particular el expuesto en el libro Apocalípticos e Integrados (Lumen, 1984) nos dio a las personas de habla hispana una mirada más de cerca al entramado cultural que nos obsequió al Superman. Sin la reproducción, esa mecanización del arte dirigido al consumo popular, el cómic vio su despuntar en gran escala. Eco no fue el único en hablar sobre las problemáticas de la reproducción; décadas antes, ya Walter Benjamin hablaba sobre las dinámicas en “The Work of Art in the Age of Mechanical Reproduction” (1936). Ahora bien, Eco lo problematizó en la medida en que gracias a esto, todos podían comprar sus historias de detectives, y superhombres y formar parte de los mitos que estos creaban.

Cuando quiero relajarme, leo un ensayo de Engels; pero si deseo leer algo serio, leo a Corto Maltese.¹

De esta forma, Umberto Eco a través de Apocalípticos e Integrados nos permitió mirar los cómics de Superman desde una manera crítica, que si bien era centrada en un objeto de consumo de las masas, se presentó como algo innovador frente a las críticas que se hacían del medio desde los años 50. Su fascinación con el medio del cómic era conocida por todos, puesto que desde su adolescencia le apasionaba la lectura y escritura de comics. En entrevista para la revista The Paris Review, motivado por la pregunta de si la guerra influyó en su decisión de escribir, Eco señala que su necesidad de escribir nace desde antes de la guerra, su lectura de historias de mundos fantásticos y exóticos dieron paso a un interés de emular lo que veía en los cómics. Comenta a modo de anécdota que su perfeccionismo era tal, que a la hora de producir sus cómics nunca lograba terminarlos, las portadas e ilustraciones tenían que ser perfectas. Finalmente, una vez toma el oficio de escritor y trabajó sus novelas, las obsesiones de su juventud -tanto guerra como cómics- se ven de una forma u otra en su trabajo.

…[E]very man is obsessed by the memories of his own youth.³

De lo medieval a lo popular

Su carrera académica ha sido extensa. Sus objetos de estudio han sido muy diversos y van desde los estudios medievales hasta la semiótica y antropología; pero, para los efectos de esta entrada, sería de mayor importancia su acercamiento a lo que podría mirarse como una breve introducción a los estudios del cómic. Eco nos dice:

La historieta es un producto industrial, ordenado desde arriba, y funciona según toda la mecánica de la persuasión oculta, presuponiendo en el receptor una postura de evasión que estimula de inmediato las veleidades paternalistas de los organizadores. Y los autores, en su mayoría, se adaptan: así los comics, en su mayoría, reflejan la implícita pedagogía de un sistema y funcionan como refuerzo de los mitos y valores vigentes. (299)

Pero, a diferencia de la “defensa” de lo aurático -y apropiadamente apocalíptica- que esgrimía Benjamin, Eco propone abrazar la reproducción y nos dice que la misma también transfiere su “aura” pero con un carácter asequible. La reproducción permite que a través del consumo, se pueda obtener la pieza sin embargo, advierte sobre el peligro de tenerla como un significante vacío, esto es, sin la capacidad crítica de entender los significados que son depositados en su “ser”.  En este sentido, Eco opta por hacer un balance entre dos visiones, que precisamente son las que dan título a su libro: la visión apocalíptica y la integrada.

Un poco apocalíptico, un poco integrado

El mismo Eco se vio enfrentado por estas exposiciones en varias entrevistas que dio durante sus últimos años de vida, respecto al manejo de la información y el conocimiento. Como fue expuesto en su libro, la visión apocalíptica de la cultura a la que alude Eco es la que aboga por un arte de clase alta, paternalista, manipulable, que alude a sentimientos ya creados en su consumidor, se rige por el mercado, reduccionista en cuanto al pensamiento “ligero” de la publicidad, mueve la información sin crítica y que finalmente desvaloriza la cultura y el arte una vez alcanza a la masa, adscribiéndole “un contrasentido monstruoso”:

La cultura de masas es la anticultura. Y puesto que ésta nace en el momento en que la presencia de las masas en la vida social se convierte en el fenómeno más evidente de un contexto histórico, la “cultura de masas” no es signo de una aberración transitoria y limitada, sino que llega a constituir el signo de una caída irrecuperable, ante la cual el hombre de cultura (último superviviente de la prehistoria, destinado a la extinción) no puede más que expresarse en términos de Apocalipsis. (270)

La visión integrada, por el contrario, propone verlo como manifestación de expresiones populares mediante el acceso a la información o cultura que eran percibidas como secuestradas por un grupo; busca acceso al arte mediante la reproducción y le brinda al público una mirada alcanzable de los espacios culturales:

Dado que la televisión, los periódicos, la radio, el cine, las historietas, la novela popular y el Reader’s Digest ponen hoy en día los bienes culturales a disposición de todos, haciendo amable y liviana la absorción de nociones y la recepción de información, estamos viviendo una época de ampliación del campo cultural, en que se realiza finalmente a un nivel extenso, con el concurso de los mejores, la circulación de un arte y una cultura “popular”. Que esta cultura surja de lo bajo o sea confeccionada desde arriba para consumidores indefensos, es un problema que el integrado no se plantea. (270)

¿Y ahora?

Increíblemente, estas visiones sobre lo que es o no cultura, al día de hoy la podemos presenciar en espacios académicos frente a lo que es o no objeto de estudio académico. Precisamente, Eco puso sobre la mesa un tema de discusión que sigue siendo conflictivo en distintos espacios del saber. ¿Debemos estudiar el cómic? ¿Debemos mirarlo dentro de su contexto histórico y cultural particular?

Umberto Eco, apocaliptico e integrado

Umberto Eco, por Rudcef

En definitiva. La defensa que hace Eco del estudio de la figura de Superman, desde una mirada arquetípica de lo mitológico –bien parecido a lo que habla Jung sobre el inconsciente colectivo– se encuentra presente a lo largo de su obra y centra las bases para un estudio crítico sobre el personaje, su medio de producción y su proliferación. Superman se encuentra en una cadena constante de consumo y (re)configuración que le permite alcanzar una imagen arquetípica dentro de la cultura popular. Su reconfiguración dentro de un sistema de valores éticos y morales moldeados dentro de la cadena de significados del ser americano prueba la importancia de su figura como símbolo. En fin, estas preguntas no son nuevas, y han sido una constante durante la década del 80, 90 y finalmente en el 2000. La discusión no ha sido sin efecto, puesto que este tipo de debate logró predisponer cierto reconocimiento por instituciones como la Modern Languages Association y distintos programas especializados en Estados Unidos y Europa. A pesar de que el tema del cómic es uno que no ocupa la totalidad del libro, la reflexión respecto a la cultura popular, los mitos y las lecturas críticas definitivamente lograron su cometido: incitar la discusión y la autocrítica dentro de la Academia. Este último logro no es uno que deba pasar por desapercibido, ya que dentro de los estudios del campo, ha sido uno de los grandes legados que dejaría entonces, Umberto Eco.

 

 

 


¹“Quando ho voglia di rilassarmi leggo un saggio di Engels, se invece desidero impegnarmi leggo Corto Maltese”. Tomado de: http://cortomaltese.com/it/about-the-author/

² Benjamin, Walter. “The Work of Art in the Age of Mechanical Reproduction.” Illuminations. Ed. Hannah Arendt. New York: Brace & World, 1968. 217-251. Print.

³ Zanganeh, Lila Azam. “Umberto Eco, The Art of Fiction No. 197.” The Paris Review. Web. 19 Feb. 2016.

Verónica Muñiz-Soto

Posee una maestría en Literatura Comparada de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras donde también obtuvo su bachillerato en Psicología. Su tesis titulada "Against the 'Loi': Counterpolitics of the Graphic of the Novel" fue recomendada a publicación y se enfoca en el tema de la justicia y la figura del vigilante en las novelas gráficas de Alan Moore. Entre sus intereses se encuentran los estudios de género, estudios culturales, biopolítica y discurso político en la cultura popular.
Ha sido panelista y conferenciante en varios simposios universitarios. Es la creadora y conductora del programa de crítica de cómics y novelas gráficas, Entre Paneles (iTunes). Es creadora de la página postAKAdemix. Actualmente trabaja el manuscrito para su primer libro.

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