Say cheese! Flash! Reflexiones contemporáneas de un boricua sobre el superhéroe Flash, pt. 6

Say cheese! Flash! Reflexiones contemporáneas de un boricua sobre el superhéroe Flash, pt. 6

Por: Manuel Almeida

Hablemos de legados… y de Batman.

Recientemente, en un brevísimo intercambio por Twitter con el artista Brett Booth (antes de The Flash, ahora en Titans) en torno a Wally West; ambos significábamos que uno de los elementos clásicos del (multi)universo de DC Comics, que más nos gustaba era que antes se respetaban las cronologías y los legados. Nos referíamos en gran medida, al mundo de DC previo al “New 52”,  y previo a varias resurrecciones antes de ese evento.

Final Crisis #7

Final Crisis #7

Hay muchos ejemplos, pero mencionemos al menos algunos: Barry Allen muere en Crisis on Infinite Earths #8 en 1985, luego de lo cual Wally West deviene en el nuevo Flash. La muerte de Barry Allen se le respetó por 20 años y Wally –a quien habíamos visto crecer, madurar, ser Kid Flash, miembro fundador de los Teen Titans–, se volvió el Flash en tiempos modernos, y fue protagonista de un tremendo desarrollo en materia de historias y contenidos (incluyendo el notorio “speed force”). Igualmente, el desarrollo de Green Lantern, los Green Lantern Corps, la amistad de Hal Jordan y Oliver Queen (Green Arrow), la incorporación de John Stewart, Guy Gardner, y bastante más tarde Kyle Rainer; la muerte de Supergirl (en Crisis también); los problemas de drogadicción de Speedy y su superación; el romance entre Lois Lane y Clark Kent, etc.

Say Flash 6

En el mundo del Batman pasó de manera similar.

Batman y Robin evolucionan. Dick Grayson (el primer Robin) crece; madura al punto de quedarle chica la identidad de Robin y terminará en su transformación  en Nightwing, siendo otro miembro fundador y también líder de los Teen Titans. Batman eventualmente entrena a un segundo Robin, Jason Todd. A Jason lo matará el Guasón, y esa muerte se respetará también hasta tiempos relativamente recientes (y todo la charrería esa de resucitarlo, y ahora, siendo Red Hood). El Joker le dispara a Barbara Gordon-Batgirl y la dejará por el resto de sus días –hasta el New 52– en una silla de ruedas. Batman se hará de un tercer Robin (y con un mejor traje), el pequeño genio de Tim Drake (ahora Red Robin, uugh…). Y finalmente, también en tiempos relativamente recientes, tenemos en el hijo antes desconocido de Bruce Wayne, al cuarto Robin (Damian Wayne). En fin, de lo que hablamos es que, si bien no todos, muchos de los cambios y transformaciones que acontecían, se honraban y se sedimentaban en un piso sobre el que se seguían construyendo nuevas historias pero sin desconocer lo pasado.

Jock-Francavilla-Black-MirrorComienzo recordando esto a modo de preludio a reseñar muy brevemente una lectura que hicimos recientemente pero que data de 2010-2011. Nos referimos al trade paperback de Batman, The Black Mirror, que recoge los números 871 al 881, de Detective Comics. Esta corrida es significativa porque fue donde tuvo lugar la coronación de Scott Snyder como uno de los grandes escribas de Batman. También contó con el arte de dos grandes, Jock y Francesco Francavilla (Afterlife with Archie, 2013). En torno al asunto de los legados, es una corrida en la que Dick Grayson está todavía asumiendo el manto de Batman pues aunque Bruce Wayne ya había reaparecido, se encontraba reclutando potenciales operativos para una fuerza de seguridad suplementaria al hombre murciélago, el Batman Incorporated.

Cuando en los 90s, como parte de la historia de Knightfall, Bane le rompe la espalda a Bruno Díaz (Bruce Wayne), muy momentáneamente Azrael asumió el manto de Batman. Muchos de nosotros pensábamos que ese honor le tocaba al primer discípulo de Batman, Dick Grayson. De hecho, en aquel entonces muchos nos ofendimos. Al caso, The Black Mirror se centra en Dick Grayson como Batman. En un sentido, puede leerse como un Batman: Year One, pero para Dick, poniéndose a prueba con los retos que implica ser Batman, con los retos que le impone la tenebrosa Gotham, desarrollar su relación con el comisionado Gordon, y hacer de un solo lugar su estancia.

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Black Mirror

Es una gran historia, pero terrorífica y horripilante. Es una historia detectivesca pero con un Batman mucho menos detective que Bruce (aunque sí mucho más acrobático). Un Batman más joven, menos resentido pero menos centrado también; un Batman al que cogen cometiendo algunos errores aquí y allá; un Batman menos misterioso y más transparente. Batman Black MirrorEn las subastas siniestras del Dealer ante los más pudientes vemos la podredumbre social de Gotham y un preludio de lo que será luego “the court of owls” del mismo Snyder; incluso se pretendía subastar como souvenir la llave con la que el Joker mató a Jason Todd (Robin). Vemos la capacidad de la redención de la gente, pero a medias o tronchada.
Aquí, la historia del hijo psicópata de Gordon es verdaderamente tenebrosa y horrífica, se lee con cautela porque se siente la tensión de panel en panel, de parlamento en parlamento. Y al final, luego de sobrevivir y save the day, vemos un Dick Grayson que se encara con valentía a seguir asumiendo el reto de ser Batman.

The Black Mirror es fácilmente ya una de mis corridas favoritas de Batman. Y lo chulo de eso es que es una de mis historias favoritas de Batman, pero el que está detrás de la máscara no es Bruce Wayne. Detrás de la máscara se encuentra su primer gran discípulo, Dick Grayson, que ejemplifica con sus actuaciones el mejor legado que Bruce jamás hubiese podido dejar.

 

Lo recomiendo.


Manuel S. Almeida es profesor de Ciencias Políticas y director de la Biblioteca y Centro de Investigación Social Jesús T. Piñero en la Universidad del Este (UNE) en Carolina, Puerto Rico.
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